Las mejores escenas de ‘Twin Peaks: The Return’

 

Con mucha menos repercusión mediática que otros acontecimientos televisivos, ‘Twin Peaks: The Return‘ ha retomado, tras más de 25 años de espera, la serie de los 90 tal y donde la dejaron Twin Peaks y Mark Frost cuando tuvo que ser cancelada por falta de audiencia. Ya por entonces, los autores revolucionaron el panorama de la series hasta el punto que su influencia ha llegado hasta nuestros días. Pero ni los más optimistas pensaron que el regreso de Twin Peaks sería el evento, no ya televisivo, sino cultural de la década.

 

Y es que Lynch y Frost han hecho saltar por los aires los límites de la ficción seriada, han roto los corsés que, a pesar de la libertad creativa de la que gozan actualmente los showrunners de prestigiosas cabeceras, seguían estando ahí. Los autores no han hecho concesiones al mainstream, exigiendo un esfuerzo y un compromiso por parte del espectador. Han rehuido de la nostalgia y de lo facilón, entroncando mucho más con Twin Peaks: Fuego camino conmigo (1992), Carretera perdida (1996) o Inland Empire (2007) que con la serie original. La tercera temporada de Twin Peaks no se parece a nada de lo que hayas visto antes, ni a nada de lo que verás jamás.

 

El final de la (¿ultima?) temporada ha hecho correr ríos de tinta digital con análisis, teorías y tesis de lo más variopinto. Pero en este artículo vamos a repasar, en orden cronológico, algunos de los mejores momentos que nos ha regalado el regreso de Twin Peaks (Spoilers, obviamente).

 

La logia blanca y la creación de la esfera dorada

La octava parte de Twin Peaks: The Return revela por completo la asombrosa complejidad y ambición de esta serie, planteada desde el principio como una película de 18 horas. Con una deliciosa estética muy próxima al cine mudo, las secuencias que transcurren en la Logia Blanca nos cuentan que Laura Palmer es mucho más que una atormentada adolescente de pueblo, reescribiendo lo que creíamos saber sobre la serie y elevándola a un nuevo nivel.

 

 

Este es el agua y este es el pozo

El episodio 8 del regreso de Twin Peaks es ya considerado como una pieza maestra que pasará a la historia de la televisión. En esta desconcertante hora asistimos al origen de toda la mitología de la serie, así como al nacimiento del Mal, que con ayuda de una suerte de mantra hipnótico (“este es el agua y este el pozo, bebe hasta saciarte y baja …”) se introduce en la humanidad en forma de insecto alado. Esta secuencia por sí sola demuestra que Lynch sería el mejor director posible para una película de terror.

 

 

 

Bobby presencia un extraño suceso

Una de las sorpresas de esta temporada es el regreso de un reformado Bobby Briggs como agente de policía de su pueblo natal. En una escena que hiela la sangre, Bobby se da cuenta de que algo extraño está sucediendo en Twin Peaks. Poco más de un minuto de secuencia que supera a todo el cine de terror reciente.

 

 

 

Tarta de cereza con los Mitchum

Una escena bellísima en su simplicidad y sutileza. Unas pocas palabras, los silencios,  las miradas entre los personajes y una melancólica melodía compuesta por Angelo Badalamenti que parece despertar algo en el interior de Dougie/Cooper. Lynch mostrando amor hacia sus personajes. La aparición de la anciana que da las gracias a Mr. Jackpots es la guinda del pastel (de cereza, por supuesto).

 

 

 

El pulso con Mr. C

Sobre esta serie se puede decir cualquier cosa excepto que es previsible. Cada uno de los episodios de esta tercera temporada de Twin Peaks se ha caracterizado por desafiar las expectativas del espectador. Mr. C, el malvado Doppelgänger del agente Cooper, ha de solventar una situación superando un pulso con un gangster en una curiosa secuencia no exenta de dobles lecturas. El director imprime una buena dosis de tensión y violencia a una escena aparentemente tonta como ésta, lo que nos hace soñar con una improbable secuela de Yo el Halcón dirigida por Lynch.

 

 

 

La muerte de Hutch y Chantal

La absurda muerte de los asesinos a sueldo de Mr. C (interpretados por Tim Roth y Jennifer Jason Leigh) a manos de un contable con muy poca paciencia es la manera que Lynch tiene de decirnos que la vida es azarosa y carente de sentido. La secuencia se resuelve con una ensalada de tiros con claros ecos tarantinianos ¿o era Tarantino el que tenía resonancias lynchianas? En cualquier caso, el punchline de la escena a cargo de los Mitchum (“La gente esta muy estresada”) demuestra que ambos cineastas comparten un sentido del humor negro bastante similar.

 

 

 

Sarah Palmer en el bar

La escalofriante revelación sobre qué se esconde tras Sarah Palmer (una impresionante Grace Zabriskie es otra de las confirmaciones de que la serie es una fuente inagotable de sorpresas, además de un contundente método para librarse de los pesados ligones de bar.

 

 

 

Yo soy el FBI

Junto con la feliz resolución de la eterna historia de amor entre Norma y Ed, el esperado despertar del agente Cooper que todos conocemos y amamos es una de las pocas concesiones que el espectador más nostálgico obtendrá a lo largo de estas 18 horas. Sin embargo, solo por ver a Kyle McLachlan pronunciar sonriente la frase “Yo soy el FBI”, mereció la pena esperar.

 

 

 

La escena final

Como no podía ser menos viniendo de Lynch, los minutos finales de la serie plantean más incógnitas que respuestas. El grito desgarrador y terrorífico de alguien que parece ser Laura Palmer nos hace cuestionar todo lo que hemos visto hasta ahora. Pero lo realmente inquietante es ver al agente Copper (¿Richard?) tan desorientado y confundido como el espectador.

 

 

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